Friday 20 de July 2018

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Genialidades ocoeñas de los sesenta

20 marzo, 2018

Felipe Ciprián.

 

Por Felipe Nery Ciprián
En una especie de “tecnología apropiada al desarrollo”, del Ocoa que viví en los años sesenta y setenta quedan estampas que las nuevas generaciones deben conocer aunque sea en forma descriptiva.

Una de ellas era la “Lista de Juan María”. El comerciante al detalle Juan María Sierra combinaba la venta de provisiones de abasto con la distribución de billetes de la Lotería Nacional.

En su colmado establecido en una casa de madera de la calle Andrés Pimentel a esquina Sánchez, en el cuadrante noreste, Juan María atendía su bodega diariamente, pero el domingo era un día especial: además de despachar a los clientes que iban buscando provisiones, también mantenía una radio sintonizada en la emisora “Radio Santo Domingo”, donde cada domingo, desde las 10:00 de la mañana hasta “la
última bola”, se narraba el sorteo de la Lotería Nacional.

En ese tiempo, cuando la gente se consagraba al trabajo y los más jóvenes al estudio, había una sola lotería y un solo sorteo cada siete días. Tengo entendido que ahora hay al menos siete sorteos al día y se juega de domingo a domingo. ¡La cultura del juego embota el filo del
trabajo, de la lucha social y política!

Este hombre cercano a los sesenta años entonces, delgado, atento, tenía una memoria proverbial porque iba despachando a los clientes, escuchaba la narración de los billetes que salían premiados y los iba anotando con un lápiz en un pliego que al finalizar el sorteo era una lista fidedigna de los números que habían salido premiados.

La de Juan María no era una lista completa de todos los números que al final contendría la que el lunes distribuía la Lotería Nacional a través de Rentas Internas y publicaba en los periódicos, pero permitía determinar los billetes premiados que se habían vendido en Ocoa.

Su sistema consistía en que él tenía la lista de series de los billetes. Por ejemplo, los números del 19300 al 19350. Todos esos billetes se vendían en Ocoa en una semana. Su lista, que tenía confeccionada a media tarde, consistía en anotar cuáles de esa serie habían salido con premios mayores o menores.

La importancia de la “Lista de Juan María” era que contrario a los terminales de los billetes para el sorteo de quinielas, los números completos de los billetes no se podían memorizar y mucho menos el tipo de premio que obtuvieran.

Como los billetes, contrario a las quinielas, no pueden salir más de una vez, había personas que desde el mediodía comenzaban a ir para el colmado de Juan María para indagar si su selección había obtenido un premio, pues en caso de que fuera un premio menor, el mismo comerciante se lo convertía en dinero cobrando una comisión mínima.

Hombre de una bonita caligrafía, especialmente para los números naturales, Juan María recibía con cortesía a sus visitantes y les indicaba la suerte de sus billetes.

En años observando esa práctica, nunca escuché que la “Lista de Juan María” hubiese errado.

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